lunes, 1 de agosto de 2011

Terremoto I

La tarde del viernes 26 de febrero del 2010 cuando llegué del trabajo hice lo de costumbre, mi mamá estaba en casa con mi hijo de 1 año y 8 meses, luego que se fue me puse a lavar ropa como si fuera maratón, es que no quería tener que hacerlo el sábado o el domingo y así podría compartir más con mi familia.

Como no tenía secadora, estaba todo tendido en un pedacito de patio techado, es que en esos días vivíamos en una pequeña casa que se "ajustaba" a nuestras necesidades.

Después llegó papá, la hora de dormir, primero el bebé, luego nosotros, así los 3 en la cama como era de costumbre. Teníamos pensado en esos días preparar otro dormitorio para el Manuelito con una cama hecha a medida con cajoneras y otras funciones, la que ya tenía diseñada en mi cabeza, hasta entonces segruiríamos compartiendo cama.

Estaba yo tan cansada, después de una semana de trabajo, de andar corriendo de un lado para otro y de haber adelantado el lavado de ropa de la semana, que caí rendidísima en los brazos de Morfeo. Cuando de repente sentí que papá me daba golpecitos en la mejilla, me quería despertar, "Pame, está temblando". Que temblando! si el sacudón era mayúsculo! con un ruido que venía de todos lados, la casa que parecía que un gigante la agitaba, yo sólo creía que se nos caería el techo encima.

Manuelito seguía durmiendo, papá nos abraza como si fuera el fin (tal y como en la película Titanic), pero nos abraza un poco fuerte así que la guagua despertó y lloró un poquito. Nos sentamos en la cama y papá me dice "Pame, que hacemos" y digo dos veces "nos vamos de acá!!", le pedí que fuera a buscar un paquete de paños unos yogures del refirgerador , los teléfonos celulares que habían quedado sobre la mesa del comedor, la linterna,  la correa y el bozal de la Licán, saldríamos sin el auto caminando con guagua en brazos y perra al lado. Yo mientras vestiría a Manuelito, el bebé era el único que tenía toda su ropita en nuestro dormitorio, la de nosotros (adultos) estaba en la pieza que sería del Manu (al lado de la nuestra), pero un ropero se había tumbado y estaba bloqueando la puerta de acceso, así que como pudo papá se estiró y sacó un paquete de paños. Nosotros tuvimos que vestirnos con lo que nos habíamos sacado, o sea pantalón de buzo (deportivo), polera y zapatos sin calcetines, si es que me había dado por lavar TODO esa tarde, lo último había quedado en la lavadora por tender (creo).

Recuerdo que mientras nos arreglábamos para irnos las cosas seguían cayendo, en el suelo había mucho con que cortarse, así que teníamos que estar con zapatos y tratar de no caernos, lo que era muy difícil, porque debíamos caminar en un suelo que se movía hacia los lados, hacia arriba y abajo.

Cuando abrimos la puerta de la casa para salir, afuera estaba casi tan oscuro como adentro, solo que había una gran luna llena y un cielo despejado, así que al menos con la luna nos ilumaríamos. El auto se había corrido como un metro y la reja no se había descuadrado, tampoco la puerta de acceso de la casa. Mi perrita estaba tranquila, nunca ladró, aulló, lloró o algo, se dejó poner sin problemas el bozal y la correa.

Comenzamos a caminar, mi hijo se portó muy bien, estaba tranquilo, creía que ibamos de paseo. El destino era llegar hasta el departamento donde vivían mi mamá y mi abuelo; ese era mi plan de contingencia, ya lo había conversado con mi mamá, nos reuniríamos ahí frente a cualquier emergencia. En nuestro recorrido rezábamos, el paso era rápido y constante, a la Licán la llevaba yo me agotaba menos que llevar al Manu en brazos, el asma me limitaba, pero seguíamos.

Cuando llegamos (unas 12 cuadras de distancia) vi a mi abuelo, en la calle y a mi mamá, ella siemrpe se descontrolaba para los temblores, pero en ese momento estaba estoica, nerviosa, pero tomando desiciones, subiendo hasta el tercer piso y entrando al departamento (que sonaba como un cascabel con cada réplica) para ir por frazadas para nosotros, eran las 4 de la mañana y estábamos con polera manga corta.

Fue una noche en que pasaron muchas cosas, y sin embargo queríamos que también ocurrieran otras, como por ejemplo comunicarnos con el resto de la familia para saber como estaban.

Recibimos la mañana del sábado 27 de febero del 2011 en las faldas de un cerro, sentados entre la vegetación, yo con un niño durmiendo en mis brazos tapado completamente para no recibir la espesa niebla que bajó.

Cuando aún no teníamos muy claro que haríamos, papá decide volver a la casa para traer el auto, yo temía que le pasara algo allá estando solo, pero igual fue cuando eran como a 6:30. A los minutos que se fue, los gritos de un hombre que caminaba frente a nosotros decía "Colón está lleno de agua!" (Avenida Cristobal Colón, calle principal que cruza mi Talcahuano de norte a sur).



Papá volvió con todo el pantalón mojado, intentó llegar hasta nuestra casa, pero debió regresar, no podía avanzar, era el maremoto.

3 comentarios:

  1. Pamela:
    Me sorprendiste con tu entrada, es que me trae tantos recuerdos de aquella noche del fatídico 27 de Febrero, en Curicó (8,8)... Me hiciste retomar todas las sensaciones experimentadas, de miedo, angustia e incertidumbre de lo que pasaría con aquel desenfrenado movimiento de la tierra y esa luna llena... (malula).
    Bueno, gracias a Dios, salimos bien, pero ustedes... Me muero ...¿Pasaron por el MAREMOTO también?. ¡Espero la segunda parte!.
    ¡Un abrazo amiga!

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  2. madre mia.. que momentos mas duros pasariais... que panico¡ menos mal que os encontrasteis pronto la familia...
    Espero la siguiente parte ;D
    besos.

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  3. joder!! vaya susto!! creo que os mantuvisteis muy serenos...

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