miércoles, 3 de agosto de 2011

Terremoto III

Esos días parecían de noticiero o de película, porque una no cree que le va a tocar vivir una situación así.

Estabamos en la casa de mis suegros, estamos todos ahí. Dos hermanos casados de papá viven en las casas de al lado, pero era necesario sentirse cerca, tanto por una sensación de seguridad, como también por una cuestión de utilizar mejor lo que teníamos. No sabíamos cuanto iba a durar.
Escuchábamos que había saqueos y turbas de maleantes, el miedo que sentíamos era grande. Los hombres formaban cuadrillas en las poblaciones durante las noches para proteger a las familias.

De a poco comienzan a voler algunos servicios, como la energía eléctrica, comunicación teléfónica y muy lentamente el agua potable. Mi mamá y mi abuelo deciden volver a su departamento, pasaron unso 5 días con nosotros. Aunque sabían que estarían sin agua (debían trasladarla en recipientes) y que ya no eran unos lolos y les va a costar más, igual se regresan, agradecidos hasta decir basta!

Vivimos momentos de unión y de tensión, tanto por lo que sucedía en el país, como por las situaciones que se producían en esta gran casa de acogida, eramos 14 personas entre niños y adultos. Dormíamos en el que era el dormitorio de papá. Manuelito compartió mucho con sus primos, creció bastante en esos días. Aunque no había abundancia de alimentos, nos las ingeniábamos para que fuera variadito y no notáramos tanto el efecto escasés, sobre todo para los niños.

Papá y su hermano fueron a limpiar nuestra casa daminificada cuando ya habían pasado como 9 días. El lodo estaba más seco, así que fue menos difícil limpiar.



Pensabamos en que teníamos que regresar a nuestro lugar, pero las condiciones de sanitización del sector no eran ni siquiera mínimas, Manuelito era un niño de suelo aún y no queríamos que él corriera riesgos de salud.

Tener esa sensación que estás en el aire, con tus pertenencias repartidas en 3 casas, con tu ropa en bolsas, ocupando un espacio que anula la privacidad de otra familia, es ahogo para el corazón.

Como al día 13 más o menos, mi mamá me dice que mi tía (hermana de mi padre) nos ofrece una casa interior, que tiene en en patio de su casa, para que la habitemos pudiendo estar ahí hasta fin de año porque ella debía vender la propiedad para trasladarse a Santiago. Se trataba de una cabaña prefabricada bien equipada, con todos los servicios, una casa como cualquier otra, porque era la casa que instaló para su madre (mi abuela paterna), en la que vivió sus últimos años. Esa era una buena alternativa para nosotros, porque podríamos estar más tranquilos hasta que decidiéramos lo que haríamos, la prioridad era Manuelito y retornar a nuestros trabajos.

Fueron 17 días que estuvimos en casa de mis suegros, ellos fueron increíbles con nosotros. Es un agradecimiento tan grande, porque hasta albergarona mi madre y a mi abuelo (que es como mi padre, porque él me crió). Son una familia bien aclanada y numerosa, saben acompañarse.

El 17 de Marzo nos mudamos a "la cabaña" como la llamamos. Era el día del cumpleaños de mi madre; primer año que recuerdo que no lo celebramos, en su lugar, nos ayudó a acarrear cosas, a ordenar y a instalarnos.

Así comienza otro cambio en nuestro rumbo... hay que seguir.

3 comentarios:

  1. estoy enganchada a tu historia¡
    besos.

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  2. Pame:
    ¡Que terrible todo lo que vivieron!. Gracias a Dios no les ocurrió nada grave y los acogieron su propia familia de una manera muy hermosa. Me alegro, que luego de todo lo negativo, al fin vieran la luz y comenzaran una vida nueva... Sigo leyendote!!!!
    Abrazos! y vota por mi foto!!!!.

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  3. De los momentos malos también se sacan cosas buenas...

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